Una habitación puede parecer amplia, cálida y agradable por la mañana y completamente distinta unas horas después. Aunque los muebles no hayan cambiado de lugar, nuestra percepción del ambiente sí puede modificarse.

La luz es uno de los principales factores. La iluminación natural cambia durante el día y modifica los colores, las sombras y la profundidad que percibimos dentro de un espacio.

También influye la iluminación artificial. Una luz demasiado blanca puede generar una sensación diferente a una iluminación más cálida, incluso cuando todos los demás elementos de la habitación permanecen exactamente iguales.

Los materiales y colores también reaccionan de manera distinta dependiendo de cómo reciben la luz. Una pared puede parecer de un tono durante el día y adquirir otra apariencia cuando se encienden las lámparas por la noche.

Por eso, antes de comprar pintura, muebles o decoración para transformar un ambiente, puede ser útil observarlo durante diferentes momentos del día. Lo que parece perfecto a las tres de la tarde podría verse completamente diferente a las diez de la noche.

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